Hoy lo he vuelto a ver.
Estaba debajo de mi cama.
Decía mi nombre,
me agarraba la pierna.
Yo, temblorosa,
respondía entre dientes,
llorando,
tenía miedo.
Todas las noches me repetía,
que si se lo contaba a alguien,
recibiría un castigo,
como el de los niños tramposos.
Todas las noches,
veo como esos ojos azules,
bajo mi cama,
no me quitan el ojo de encima.
¿Y sabes que es lo peor?
Que, ahora mismo,
mientras escribo esto,
está detrás de mi..