sábado, 28 de mayo de 2016

Sirena


He perdido la sirena de mi proa,
me he quedado sin timón,
y me han robado la esperanza de algún día
poder llegar y pisar tierra estable,
poder decir que por fin
tengo los pies en la tierra
y de que no me he hundido y
que tampoco me he ahogado
yo sola en mis lágrimas
(en mías porque sé
que las sirenas de mas proas
no lloran por sus patrones).

Ahora sin brújula ni sirena navego sola
con mi tripulación de patanes,
de dudas y de miedos
que no hacen otra cosa que hundir el barco
un poquito más en cada ola,
a cada brisa
porque a la mínima me descontrolan,
a mi y a todo mi barco
que cada día está más roto,
y con cada golpe de mar
(y no de suerte)
cae un tablón más.

Llegará el día en el que,
por culpa de perder aquella sirena de mi barco pirata que tanto me llenaba,
me hundiré en la deriva con y de mis pensamientos,
sintiendo lentamente cada gota en mi garganta,
cada palabra
que no pude
decir
cuando debía.

Y así fue, como perdí el rumbo,
quedando sola, sin mi tripulación,
sin mi sirena, sin nada en qué apoyarme,
cumpliendo todos aquellos dichos
de marineros veteranos y espontáneos:
"el mar cambia a uno, nos vuelve locos."
doy fe que sí,
yo antes estaba en calma,
o, al menos,
sabía querer.

sábado, 14 de mayo de 2016

Te quedaste


Nadie sabe,
nadie
más
que
tú,
que soy la persona más tierna
y
más
sola
del mundo,
la que más cariño necesita,
la más fría con la vida.

Sólo tú me viste entre tanta gente
y entre tan pocas personas,
sólo tú te quedaste a mi lado
sabiendo que, después de todo,
soy un desastre queriendo.
Sólo tú me cogiste de la mano,
sacándome de lo que otros llaman vida,
y me llevaste a conocerte.

Me viste temblar de frío,
de miedo, calor.
Me viste temblar de inseguridad,
y en vez de taparme,
te desnudaste conmigo;
me viste caer
y en vez de levantarme,
te caíste conmigo,
y salí adelante,
me saliste adelante,
nos salimos,
siempre tú conmigo.

Dejaste que (te) probara
la
gloria
sin pedírtelo,
y, sin pedirme nada a cambio
me hiciste persona,
me hiciste ver lo bonito que era
ser mujer,
como cuando te regalan flores,
como cuando te invitan a cenar
en el mejor restaurante de todos,
como cuando te compran
unos pendientes sin necesidad de celebración,
como cuando te sientes querida
sin querer favores a cambio.

Cambiaste el final del cuento,
cambiaste el final de mi poesía,
de esa que toda chica escribe,
esa de:
“me dejaste cuando más falta me hacías”,
“tus para siempre solo fue dos meses”,
“nunca sabrás todo lo que te quería”.

Cambiaste mi final,
llegando cuando en lo único que creía
era en la capacidad de los médicos
de nunca curarte,
cuando sólo creía que lo única constante
era saber que algún día
todos seríamos aire,
cecinas, o comida para gusanos.

Nunca me pediste nada a cambio.
Llegaste.
Me cambiaste.
Te quedaste.

Nadie sabe,
nadie
más
que
tú,
que te debo la vida,
ya que, más que mía,
es

tuya.

lunes, 2 de mayo de 2016

ochenta y dos risas


Cantar a la libertad
cinco versos de Loreto Sesma,
hacer un viaje al centro de la Tierra
que dure mil y una noches.

Sentir mis alas,
echarme a volar sin mirar
(atras, ni al frente),
sin marchas que me relenticen el paso.

Explorar siete vidas contigo,
comprarnos un gato
o tres peces de colores
para que, cuando tengamos un día
(o los días)
gris,
nos devuelvan esos besos
que no debieron,
pero que nos faltaron.

Llegar jadeantes a casa
despues de darles la vuelta a nuestros cuerpos
en ochenta besos,
en ochenta suspiros,
en ochenta y dos risas.

Imaginarte al leer un poema
de mi poeta favorito
(por si no lo sabes
es Gustavo Adolfo Bécquer),
y quererte sin remedio,
sin cambiarnos,
sin retrocedos,
sin pausa;
porque, como dicen,
nuestro mal
a la noche de hoy
no tiene cura,
ni la tendrá,
y si alguien la encuentra
que no se moleste en aparecer,
porque sino,
me vere obligada
a perderme
(contigo).


domingo, 1 de mayo de 2016

liz


Sin saber como ni donde, te encontré. Estabas llorando, por amor, un amor que no pudo ser, pero que ya nunca debía haber sido; un amor imposible: cuando unos de ellos no quiere, todo se va a la mierda, porque aunque uno quiera o intenta querer, es imposible, ya que es involuntario e incontrolable.

Sin saber ni tu nombre, te consolé. Te enseñé el sol, y las estrellas. Te di mi arena, para que la pusieras en tu reloj: volvía a funcionar. Sin conocerte, sin darte -me- cuenta, entré en tu vida, sin saber quien eras. Arreglé tu corazón, más bien le hice una copia al mío (el que nunca antes había querido), y te lo dí.

Sin haberte visto antes te regalé rosas y sonrisas. Te di la felicidad, la que yo antes no había tenido. Sin darme cuenta, me convertí en tu salvadora, en tu mundo; te volví mío, mejor dicho, tuya. Dejaste de llorar por amor, y empezaste a reír a su salud, a la mía.

Sin conocernos, nos saltamos esa etapa que llaman amistad. Fuimos más que eso; te llenaba, me llenabas. Nuestro unísono era cada vez más fuerte: los besos ya no eran de calma, ni de consolación; la pena que primero movió mi cuerpo hacia a ti se transformó, era amor, amor hacia el amor, hacia una copia de mi (mi corazón).

De un día para otro, los abrazos de un desconocido, tus abrazos, se convirtieron en lo primero que buscaba mi cuerpo, cada mañana, a la misma hora, 6:39. La misma hora en la que "Wonderwall", de Oasis, mi canción favorita, la que se convirtió en nuestra.

Sin buscarte, desequilibraste mi mundo, vaya si no, acabó patas arriba, pero las  mías, claro, mientras hacíamos el amor en la playa. Fuiste toda mi vida, y la tuya también. Supongo que fue difícil. Difícil llevar dos vidas, pero fuiste capaz de enamorarme, a mí, la chica más dulce, pero fría con todo lo que se refería al amor.

Conociéndote sin saber lo que era el amor, acabé sabiéndome de memoria todos sus afluentes, como lo eran tus besos, tus abrazos por la espalda, tus caricias, tus cosquillas.. como lo eran tus "te quiero, preciosa" susurrados inesperadamente en mi oído...

Tus ruinas acabaron siendo todas mis maravillas. Las que el primer día creí  por perdidas, al poco tiempo tornaron en oro, en mi mayor tesoro, lo que alimentaba mi sonrisa; porque así era, me dabas la vida.

Ya no sabía lo que era una sonrisa si no era pensarte al leer a Carlos Salem, o lo que era sorpresa sin ser tú esperándome al salir del trabajo, o el placer sin estar entre tus piernas.

Sin saber cómo ni porqué, mi mundo giraba a tu alrededor, o mejor dicho, al nuestro. Me creía feliz a tu lado, lo era, y tú lo eras, y cómo no lo ibas a ser, si fui yo quien encendió tu mundo, enseñándote a confiar de nuevo, haciéndote ver que el ser humano podía sentir de verdad sin tocarse..

Fuimos felices, vivía en un sueño, el sueño que toda chica deseaba: amar y ser amada

Sin saber cuando ni porqué, paró de sonar la canción por las mañanas (completa y estúpida ilusa). Sin darme cuenta, te fuiste enfriando. Los susurros cada vez eran menos; las sorpresas cobraron su verdadero significado, puesto que de verdad era una sorpresa que vinieras a verme después del trabajo (ya apenas lo hacías); ¿una llamada tuya?, valía oro, eran tan escasas que daba lo que fuese por una.

Cada vez, sin darme cuenta, te ibas alejando más, pero estaba tan enamorada, que te creía, cuando me decías que me querías, y que si no me lo decías a todas horas era porque sino estábamos hablando siempre de lo mismo. Lógico, ¿verdad? No sabía el porqué, pero me tenías enamorada hasta las trancas.

Sin saber el porqué, ilusionada, me llevaste a una playa, nuestra primera playa.. y allí me soltaste (para mi gusto, de la peor manera posible). Sin ningún porqué, ya no me querías, habías perdido toda la ilusión en mi, en nosotros. Nunca más volviste a ser el mismo. Desapareciste cuando más te necesitaba, cuando más falta me hacías. Me dejaste morir, ante tus ojos. Ya no sabía vivir sin besarte, ni lo que era estar alegre sin verte..

Así pasaron los días.. entré en depresión, era como un estrés postraumático. Lloré todos y cada uno de los siguientes días, echándote de menos, y no pudiendo verte. Mi corazón enfermó, no sabía ya a qué ritmo latir si no era por ti, así que experimentaba: algunos días quería darme la muerte, y no latía. En esos días, el ahogo era inevitable, junto con la ansiedad. Aún recuerdo esos pinchazos en el corazón. esa sensación de no poder respirar que tanto me hacía gritar; esa falta de vida. Otros días se aceleraba, latiendo a mil por segundo, cada vez más y más fuerte. Quería salir de mi, e ir a otro cuerpo; no quería sufrir. Esta vez el sentimiento era angustia, miedo.

Mi corazón estaba enfermo. Algunos médicos decían que sufría depresión y ansiedad (al igual que yo), otros que era estés (qué casualidad); yo creo que el miedo a perderte era el mayor de sus -mis- males. No sabíamos como actuar ante tu rechazo... Nunca más volví a ser la misma.

Pasaron los días, los meses, y yo seguía igual: sola, en una acera, con mi corazón hecho añicos (después de tanto desequilibrio, acabó rompiendo), al igual que mi reloj (el cual perdió toda su arena). Perdí la noción del tiempo, ya no pasaban por mi las horas ni los días.

Me quedé sola en esa acera, viendo parejas de la mano, besos bajo  la lluvia, sonrisas de complicidad.. No les envidio, yo también tuve todo eso, y más, pero acabé perdiéndolo todo.

Vuelvo a esta acera, todas las noches de navidad (de mi invierno moral, eterno). No sé porqué, pero aquí me siento en paz. Esta acera es capaz de darme la mínima calma para que pueda seguir viviendo una noche más. Volver esta acera todas las noches me ha  convertido en poeta..

¡Qué raro! Otra adolescente deprimida (más) que escribe cuatro versos (que ni siquiera riman) solo para intentar reconstruirme..

nota: no sabia que titulo ponerle, asi que le puse mi nombre.

Agarda.

Este es un cuento que hice para el instituto en gallego, y, como me ha gustado como me ha quedado, aquí os lo dejo.
-Agarda, por Deus, a onde irás? – dixo alterado, intentando recuperar o alento.
Esa era unha boa pregunta. A onde vou? Dende que non teño onde ir, non
teño onde chegar e onde quedarme. Fai xa seis anos que os meus pais
morreron nun accidente de coche, e, dente entón, non volvín facer
vida, non volvín saber da miña irmá maior, non saín da casa e non me
relacionei con ninguén, excepto con Manu. Por así dicilo, el foi a miña
vida máis de medio lustro, foi o único que me mantivo con vida.
-Non o sei, Manu, só quero liscar de aquí. – as miñas palabras deberon
doerlle, moito, xa que se lle esvarou unha bágoa. Era a primeira vez
que o vía chorar. Por unha parte era reconfortante, que se abrira de
todo comigo, por fin; mais por outra rompeume en mil anacos.
-Non marches, por favor cho pido. –as súas bágoas ían a máis, malia
que aínda eran ben poucas. Coas súas mans, colleume a miña esquerda, a
mesma que tiña tantas feridas. –Despois de todo isto –dixo mirando a
miña man-, cres que vale a pena renderse? –preguntoume coa alma fóra
–Non ves que xa estamos case ao final do camiño? Non fagas isto, por
favor. Quédate. – as súas bágoas cesaron, mais eu nunca oíra unhas
palabras tan sinceras como as súas. Para el todo isto estaba a ser moi
duro, pero non só para el.
Non podía quedarme alí. Estaba desfeita. O único que me quedaba era o
meu outro latir… Onte foi o seu aniversario, e non quixo falarme, non
quería saber nada de min, só lle recordaba a eles, a aquel día… Sen
ela, eu non podía, xa non. Non podía máis.
-E ti non ves que xa nada me ata a este sitio? Que non son capaz de
reter a ninguén ao meu carón? Que todos os que se me arriman acaban
mal? Ou odiándome! Xa viches onte, que nin sequera miña irmá quería
saber de min… Todo isto me supera, Manuel, non podo seguir aquí. Nin
aquí nin en ningures. Eu xa remat –nese instante, colleume a man, de
novo, facendo que me quedase en branco, e apretouma tanto que me saíu
un pequeno berro de dor, ao cal non fixo nin caso, e non afrouxou.
-Non te queda nada, dis ti? Elo… Quen estivo ao teu carón día tras
día, tódalas noites? Quen che axudou a saír adiante, a duras penas
pero a saír, ao fin e ao cabo. Dime, non vale a pena quedar por el?
Non vale a pena quedar por min? Nin sequera intentalo? Tes que
quedarte, Liz, por favor… -Liz… facía moito que ninguén me chamaba
polo meu nome, sempre utilizaban o meu apelido, Catriel, posposto a un
señorita. Sabía como tocarme a vea sensible.
De súpeto, unha forte corrente de aire case me tira. Non me dera conta
de onde estabamos. Con todo isto, chegaramos á ponte de Sta. Uxía. Por
sorte, Manuel tíñame collida da man, e non caín.
-Non ves? –dixo intentando esbozar un sorriso –Comigo nunca caes, nin
caerás, e moito menos recaerás –agora era eu quen non podía aguantar as
ganas de chorar, pero, por millonésima vez, chorei por dentro, só para
min –Non marches, preciosa. Podemos amañalo todo. Queda aquí, comigo.
Como era posíbel que con esas tres últimas palabras, como con aquela
última frase  me fixera sentir tan desfeita. Nunca antes me dera
conta… Era certo, con el nunca caía, nunca me deixaba (nin me
deixaría). Todo foi superior a min, á miña situación, e esas palabras…
Esvaróuseme unha bágoa. Dúas. Non quería que se decatase, así que
baixei a cabeza e dinme media volta; e, cando pensaba que non podía ir
peor, fíxoo. Rodeoume cos seus brazos, abrazoume, moi forte. Nese
intre recordo que me sentín segura, como nunca antes o fixera na miña
vida. Non puiden máis. Rebentei. Comecei a chorar todo o que non
chorara nestes seis anos, e abraceime a el como abraza unha nai a
primeira vez que ve un fillo, como o fai unha rapaza cando ve ao seu mozo
despois de moito tempo; e aferreime a el, como un se aferra á vida,
sen querer a morte. Sentinme completa. Non sei canto tempo estivemos
así, abrazados, pero, despois do que a min me pareceron dos minutos,
separeime de el.
-Quérote, Liz. Non te marches –díxome da forma máis doce e triste, sen
apartar a súa vista dos meus ollos. Tiña uns ollos verdes preciosos
que transmitían calma e serenidade.
-Eu tamén te quero, pero non podo, de verdade. A miña vida non é
consistente, en calquera momento pódese vir abaixo, e non quixera que
o fixeras ti comigo –non sabía se estaba a facer o correcto, pero nese
momento só tiña ganas de chorar, abrazarme a el e non marchar nunca do
seu carón.
-Por favor, non digas iso, eu vou estar contigo sempre, non vou deixar
que te fundas, de verdade… -se dicía unha palabra máis ía chorar de
novo, e non, non podía velo así, outra vez non.
Pouco a pouco funme poñendo ao seu carón, ata que quedei a centímetros
de el. Notaba como a súa respiración estaba algo axitada, e como
estaba intentando conter as bágoas. Ollei cara abaixo, e, cando volvín
mirar cara el, unha xa se estaba deslizando, lentamente, pola súa
meixela. Sequeilla ca man, e mireille aos ollos. Sen controlarme,
acerquei os meu beizos aos seus. Non me cría o que estaba a facer.
Biqueino como non o fixera antes con ningún outro rapaz. Agarroume da
cintura.
-Non te penso deixar marchar, queiras ou non –nunca dixera nada tan seguro.
-Todos ao meu redor acaban mal, e quérote demasiado como para facerte
ningún mal, síntoo. –nunca dixera nada tan segura.
Sen deixalo dicir palabra, aparteime del, corrín como nunca
antes, e caín á auga, conxelada. Nunca antes unha ponte tivo tan
negativa connotación.
Final alternativo
-Non te penso deixar marchar, queiras ou non –nunca dixera nada tan seguro.
-Nunca me deixes, por favor cho pido. –nunca dixera nada tan segura.
Sen darme conta, acabei de proclamarme reina, reina do seu mundo…
Nunca antes unha ponte tivera tan positivas connotacións.

Deriva.


Desde que me dejaste a la deriva en aquel río de mares,
nunca doy bola con pie, o al clavo.
Como el agua, doy palos al ciego
buscando una respuesta.
Bailo con el aire en busca de un pie que me pise,
en busca de tu pie
que sé que se ha ido por otro río
que desemboca en otro mar
(posiblemente mas grande,
un
océano)
hecho a tu medida,
a la medida de tu balsa en la que,
sin lugar a dudas,
no cabía mi pecho.
Busco pajas en agujas porque sé
que me será más fácil encontrar
una aguja en un pajar
que que tu vuelvas
(a quereme).
Canto bajo la lluvia
"Los abrazos rotos" de Amaia Montero,
para poder llorar y desahogarme
porque sé que la lluvia
siempre llorará conmigo
hacia la sequía.