Vive en una casa de piedra,
de piedra porque es fría
y dura;
en una casa de oídos sordos
que no escuchan
porque no quieren,
escuchar;
en una casa rata
porque una poca de conveniencia más
y (ella) acabaría comiendo
de los desperdicios
que sus inconformistas dueños
van dejando por las esquinas;
en una casa sin barrotes
pero con su función,
presa de las malas manías,
como la de los palos.
Sin cadenas
vive retenida en ese infierno,
suyo,
sin poder salir
ni respirar
en
paz...