lunes, 20 de noviembre de 2017

Dos rosas y un clavel


Decidiste volver (otra vez), pero de ésta con dos rosas y un clavel, con tu olor y tus brazos, convencido a quedarte. Yo ya te había reemplazo por una puesta de sol y un café, por todos los versos rotos que me diste. Ya me había hecho a la soledad, a la luna y al frío; cambié tus "te quiero" por las olas del mar, a medianoche; y tus abrazos, por noches en vela frente al papel.. 

Decidiste volver con las flores, pero ya no son lo mismo. Las abejas siempre intentan acostumbrarse antes de buscarse otras (no como tú que te fuiste con el primer pétalo caído, dejando que me marchitara). Imagínate callarte cuando las palabras te salen solas, o no poder tocar la lluvia porque me recuerdan a mis lágrimas, y ya no... 

Decidiste volver, pero esta vez con el corazón roto en la mano (roto de pasar por tantas piernas sin quedarte, de arrasar tantos pechos, ahora vacíos), pidiéndome que te lo arreglase como siempre hacía (antes). Llegaste con un clavel y dos rosas pidiendo abrigo, calor. Lo que no sabes es que yo llevo mucho tiempo fría, y sin ganas de cambiar, sin ninguna gana de cambiarte; mi calor te lo llevaste bajo tus pies, y por lo que se ve lo dejaste por el camino (sin devolvérmelo).

Decidiste volver, esta vez de noche, con lágrimas y un "siempre fuiste tú y no lo sabía ver". Pero tuve suerte, ya no sangro, no me dolió ese disparo, aunque vinieses con el revólver cargado.