jueves, 24 de noviembre de 2016

UXI 15

No se cómo empezar, la verdad, ni como decir algo que ni siquiera me coge en el pecho, pero bueno, por algo tendré que empezar.
Feliz cumpleaños, mi patria sin bandera, a quien me da la vida aún viviendo la suya por separado, aun teniéndome a 60 kilómetros, aún estando tan lejos, y a la vez tan cerca... Brindo por ti, porque sí, porque puedo, porque es tu día (como los otros 364 del año).
Creo que todo lo que diga aquí es una redundancia, porque a lo largo de estos tres años y pico ya deberías saberlo todo, pero nunca está de más darte las gracias por todo: por estar siempre ahí, queriéndome, cuidándome, riendo conmigo; por saber hacer de mis días malos un día bueno cualquiera, y por saber hacer de mis días buenos los mejores del año; por mimarme cuando estaba triste y regañarme cuando hacía las cosas mal; en definitiva, gracias por estar ahí para mí. Por toda una vida teniéndote cerca, más que cerca, por toda tu vida teniéndome ahí, al lado.
No olvides que conmigo siempre tendrás una hermana mayor que te aconseje y te cuide, nunca estarás sola uxía, por muy mal que vayan las cosas. Si algún día te pasa algo no dudes en escribirme, aunque sean cartas que luego me des en persona para que yo las lea, porque yo hice lo mismo.


Espero que hayas pasado un buen 24 de noviembre y siento muchísimo no haber dado señales de vida. Prometo que el siguiente será a mi lado, como el resto de tus cumpleaños. Muchísimas felicidades preciosa. Feliz día y feliz vida, te quiero muchísimo (y no olvides quererte nunca como lo hago yo)

lunes, 21 de noviembre de 2016

Sin paracaídas


Te despiertas en invierno, desorientada después de una pesadilla (la misma de todas las noches). Te das cuenta de que estás destapada, con tanta vuelta, congelada. Sin pensarlo dos veces, te giras, ves que el otro lado de la cama no está del todo vacío: hay otro pecho que te acompaña, y te abrazas a él, colocando tus pies entre los suyos. Sin quererlo, sabes que has caído en su centro de gravedad, sin paracaídas, pero no tienes miedo.

Esa es, sin dudas, una de las mejores sensaciones del mundo.




martes, 15 de noviembre de 2016

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Cuando te vas


Siempre necesité tiempo para mi,
nunca pensé que te necesitaría ahí cuando lloro...
Los días me sientan como años cuando estoy sola.
y la cama donde te acuestas, está sin deshacer por tu lado. 


Avril Lavigne

Estrellas


Cada noche cuento los lunares de tu espalda
pensando que estoy al aire libre
mirando las estrellas,
admirando a la más fugaz, la más brillante,
pero luego estornudas
devolviéndome a la realidad,
y me doy cuenta de que tú eres
mil veces mejor que todas las estrellas
juntas,
que todos los planetas que giran a tu alrededor
y que todos los universos que me invento
contigo.

No sé quién será la ingenua que prefiere
un cielo estrellado a tenerte toda una vida,
en la que, contigo, las estrellas quedan opacadas
por el brillo de tus ojos.


Hogar


Por un momento, cierra los ojos, e imagínate que vuelas. Que vuelas hacia tu lugar favorito. Imagina paz, y calma. Que eres libre, y sereno. Que nada es complicado, ni absurdo. Imagínate que estás en tu hogar, en tu hogar que no es tu casa, donde la tranquilidad brinda por ti. Piensa que el sonido del mar es la mejor nana para que te duermas, y que tu despertador sonará cuando acabes de soñar. Imagínate en ese lugar, tus sentimientos allí, las buenas sensaciones. Pues ahora bien, todas esas sensaciones de paz, tranquilidad y armonía son las que siento yo cuando duermo sobre tu pecho. Mi nana favorita es la que toca tu corazón, tus latidos; y mi despertador eres tú cambiando de postura en cama. Eres ese ligar favorito donde quiero quedarme, ese sitio al que llego volando, porque sólo tú me das alas. Eres esa tranquilidad de todas las mañanas, de toda la vida. Eres casa, eres hogar; mi calma.
Ahora dime si después de todo esto no vale la pena experimentarte. 


domingo, 6 de noviembre de 2016

Y así fue como


Cuando el sol de va, tu llama se enciende. A medida que va pasando la noche, te vas haciendo más, y más, y más vulnerable, hasta que caes, en un agujero sin final, en un pozo sin fondo, de sentimientos ahogados en pena. Es ahí, entonces, cuando te vienes a bajo, y te cuestionas todo lo que has hecho en el día, en la semana; en tu vida. Comienzas a recordar todas aquellas cosa que has hecho mal, y también las que no has hecho, y te deprimes, dejando tus sentimientos más inestables­ al alcance de cualquiera, con la esperanza de que alguien llegue, y te diga que ya ha pasado todo, que no hay nada a lo qué temer; alguien que te cuide, te llene.

Y así es como empiezan todas las historias de amor, con unos sentimientos que afloran para ser cortados (como tus alas), a mitad de una noche, que pocas veces más será recordada.

Y así es como empezamos a necesitar a las personas, como nos vamos haciendo cada día un poco más dependientes, más muñecos controlados por almas vacías. Así es como creemos que nace el amor, pero sólo nos volvemos sumisos de la persona que creemos que nos ha sacado de ese agujero. Mas solo estamos condicionando nuestro futuro con el de esa persona, nos estamos dejando llevar, nos dejamos controlar por alguien que, posiblemente, ya estuviera ahogado en el mismo pozo que tú, pero el amor nos deja ciegos.

Y así es como yo me dejé caer en su telaraña, en tu mundo. Empecé a girar con él, sin darme cuenta de que sólo era yo la que giraba, en torno a su ombligo. Pensé que era la única persona que me entendía, más sólo fue la única a la que le di paso, sin saber que había dos mil y tres personas más queriéndome ayudar sin la necesidad de pedirme nada a cambio. Pobre ilusa,

Así fue como me fui amargando, yo sola, sin saberlo. Me dejé dominar, controlar, porque, al fin y al cabo, él era mi salvador. Fue así como me fui consumiendo poco a poco, hasta que me vi envuelta es mantas, titiritando de frío, sudando hielo, y con doce marcas de jeringas en los brazos, y una entre los dedos de los pies. Fue así como caí en los vicios, las drogas. Como me entregué a la muerte sin aún haberme quitado la vida.

De aquella noche,sólo lo recuerdo a él, a su mirada imponente, a sus perplejidad, y a sus piernas paradas. Quería ver como me mataba, poco a poco, porque decía que la única forma de acabar con mi dolor, era esa, la más eficaz. De esta forma nadie más me volvería a hacer daño. Nadie, más. Ni yo misma, porque, para cuando saliera de esa cama, ya estaría muerta.

La siguiente imagen que recuerdo, es a mi, tumbada en la camilla de un hospital, son las manos ensangrentadas. Los médicos me dijeron que un chico me había salvado de morir de sobredosis, que me había parado los pies a tiempo. No podía pensar, todo aquello me estaba superando. Me explicaron que me había traído hasta urgencias, iba vestido de mi sangre, pues yo le había estado pegando a causa del éxtasis, en la cara, en el estómago, en el alma. Me dijeron que lo había matado, que uno de mis golpes, una vez en el hospital, le habían roto la médula, causando su muerte.

Y así fue, como literalmente, acabé en la cárcel y en el mundo de las drogas, por culpa de una noche en la que me sentía frágil, y en la que dejé que alguien entrase en mi vida. Después de todo aquello, jamás volví a confiar en nadie, y me di cuenta de que nunca debí haberlo hecho.