Por un momento, cierra los ojos, e
imagínate que vuelas. Que vuelas hacia tu lugar favorito. Imagina
paz, y calma. Que eres libre, y sereno. Que nada es complicado, ni
absurdo. Imagínate que estás en tu hogar, en tu hogar que no es tu
casa, donde la tranquilidad brinda por ti. Piensa que el sonido del
mar es la mejor nana para que te duermas, y que tu despertador sonará
cuando acabes de soñar. Imagínate en ese lugar, tus sentimientos
allí, las buenas sensaciones. Pues ahora bien, todas esas
sensaciones de paz, tranquilidad y armonía son las que siento yo
cuando duermo sobre tu pecho. Mi nana favorita es la que toca tu
corazón, tus latidos; y mi despertador eres tú cambiando de postura
en cama. Eres ese ligar favorito donde quiero quedarme, ese sitio al
que llego volando, porque sólo tú me das alas. Eres esa
tranquilidad de todas las mañanas, de toda la vida. Eres casa, eres
hogar; mi calma.
Ahora dime si después de todo esto no
vale la pena experimentarte.
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