Cada noche cuento los lunares de tu
espalda
pensando que estoy al aire libre
mirando las estrellas,
admirando a la más fugaz, la más
brillante,
pero luego estornudas
devolviéndome a la realidad,
y me doy cuenta de que tú eres
mil veces mejor que todas las estrellas
juntas,
que todos los planetas que giran a tu
alrededor
y que todos los universos que me
invento
contigo.
No sé quién será la ingenua que
prefiere
un cielo estrellado a tenerte toda una
vida,
en la que, contigo, las estrellas
quedan opacadas
por el brillo de tus ojos.
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