Mariposas rojas, iguales que las que recorren mi estómago, idénticas a las que sacan lo peor de mí. No sabes cuándo aparecerán (esas dichosas bolitas de fuego, esos dedos de Satán...).
Y ahí estaban, debajo de la rama de aquél árbol, envueltas en un lazo rojo. No sabría distinguir qué tipo de árbol era, pero sí que era especial. Debajo de esté, dos terribles fieras se acercaban una a ma otra, despacio. Lentamente,se deboravan con la mirada; es esperaban a estar juntos para destruirse.
Por allí volaban las pequeñas mariposas de fuego, alrededor de las bestias. Unas cuantas atravesaron el estómago de una; las restantes, el de la otra. Sus estómagos ardían. Las fieras, como expresión de su dolor, contenido, se mataron.
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