sábado, 14 de mayo de 2016

Te quedaste


Nadie sabe,
nadie
más
que
tú,
que soy la persona más tierna
y
más
sola
del mundo,
la que más cariño necesita,
la más fría con la vida.

Sólo tú me viste entre tanta gente
y entre tan pocas personas,
sólo tú te quedaste a mi lado
sabiendo que, después de todo,
soy un desastre queriendo.
Sólo tú me cogiste de la mano,
sacándome de lo que otros llaman vida,
y me llevaste a conocerte.

Me viste temblar de frío,
de miedo, calor.
Me viste temblar de inseguridad,
y en vez de taparme,
te desnudaste conmigo;
me viste caer
y en vez de levantarme,
te caíste conmigo,
y salí adelante,
me saliste adelante,
nos salimos,
siempre tú conmigo.

Dejaste que (te) probara
la
gloria
sin pedírtelo,
y, sin pedirme nada a cambio
me hiciste persona,
me hiciste ver lo bonito que era
ser mujer,
como cuando te regalan flores,
como cuando te invitan a cenar
en el mejor restaurante de todos,
como cuando te compran
unos pendientes sin necesidad de celebración,
como cuando te sientes querida
sin querer favores a cambio.

Cambiaste el final del cuento,
cambiaste el final de mi poesía,
de esa que toda chica escribe,
esa de:
“me dejaste cuando más falta me hacías”,
“tus para siempre solo fue dos meses”,
“nunca sabrás todo lo que te quería”.

Cambiaste mi final,
llegando cuando en lo único que creía
era en la capacidad de los médicos
de nunca curarte,
cuando sólo creía que lo única constante
era saber que algún día
todos seríamos aire,
cecinas, o comida para gusanos.

Nunca me pediste nada a cambio.
Llegaste.
Me cambiaste.
Te quedaste.

Nadie sabe,
nadie
más
que
tú,
que te debo la vida,
ya que, más que mía,
es

tuya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario