Cariño,
llevo diez años escribiendo estas notas.
Tan feliz y alegre era por el día que,
al llegar la noche,
no era capaz de dormir.
Noches y noches escribiendo.
Imaginándome,
tal vez de otra manera.
Más alta, joder;
y más lista,
y más guapa.
Y, sin darme cuanta,
acababa llorando.
Asqueada,
asqueada de todo.
Entre lágrima y gota,
cogía un cuchillo.
Lo apretaba,
me arremangaba.
Todas esas putas noches,
con el cuchillo en la mano,
hacía cortes,
en el cabezal de mi cama.
Cada noche,
una línea;
cada lágrima,
un punto;
cada pensamiento de muerte,
una cruz.
Cariño,
en estos diez años,
entre gotas y lágrimas,
lo he ido decorando,
nuestro cabezal.
Un festival de líneas,
y puntos.
Con tres cruces,
y una a medias..
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