El reloj, la una.
Todo oscuro.
Él duerme,
tranquilo,
en su cama.
El reloj, las dos, y yo,
como todas las noches,
allí, escondida.
Viéndolo.
Viendo como duerme.
Hace cuatro años, ya,
que tengo prohibida
la entrada a su casa.
la entrada a su casa.
Pero,
lo cierto es que,
lo cierto es que,
aún no he vuelto
a entrar en ella,
a entrar en ella,
ni salido.
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