Algún día comprenderás que sólo me faltó quitarme la piel para dártela en invierno, que por dejarte te dejé hasta mis ganas de vivir que ahora ya ni tengo; entenderás que no todo el mundo es igual, que a ti te duele tu corte en la pierda y a mi me duele el pecho de sentir tanto, de tener un corazón que quiere salir, porque conmigo no hace otra cosa que sentir pena; abrirás los ojos y verás que por muy sentimental, dramática y odiosa que pueda ser, esta chica no puede dar más de sí, ni puedo cambiar cuando no me queda una cuerda para agarrarme, no me quedan fuerzas ni para desangrarme..
Después preguntan cómo es que ahora soy tan rara, cómo es que no salgo de casa, ni me río. Cómo es que tengo menos paciencia y soporto menos a la gente. Pues bien, todo esto pasa porque, una vez después de darlo todo, una se queda sin nada.
(Pista: algún día deberías coger
y llevarme a un sitio con olas,
con viento y con nubes,
a un sitio como los del romanticismo
y preguntarme qué cojones me pasa,
por qué he cambiado -tanto-
y cuál fue mi pasado
para ahora ser una de las chicas
más
tristes
que has conocido.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario