Cuando lo vio supo que era para ella. Supo que sus dedos encajarían con los suyos (milímetro a milímetro), que sus sueños no serían muy distintos a los suyos. Cuando lo vio supo qué era el amor por el que tanta gente suspiraba, ese que nunca antes había llegado a comprender. Cuando lo vio intentó cogerlo, pero su corazón quemaba. Él nunca había querido (tampoco). No sabía lo que era la calidez, sólo ardía por dentro. Sabiéndolo intentó acercarse, intentó enseñarle lo que ella sentía (atenuarlo). No llegó a pensar que se podía quemar, sólo seguía su nueva sensación.
Y acabó siendo cenizas por un hombre que, al fin y al cabo, era fuego y nunca iba a dejar de serlo. Se quemó por jugar con amor, pero al menos supo lo que era la llama.
jueves, 17 de agosto de 2017
Cenizas
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