jueves, 31 de agosto de 2017

Hay momentos en los que la vida elige un punto, un punto donde acaba todo. Dice "hasta aquí hemos llegado", o más bien: "hasta aquí has llegado". En ese instante decide darte una patada, la que más te dolerá en toda tu vida, porque es el momento en el que te está echando de su "para siempre". Te está echando de sus noches, de sus madrugadas, de su buen humor y de sus chistes malos, te está echando de su vida. En ese preciso momento no ves nada más allá de tu tristeza, ni vez un futuro sin su espalda. Sólo tienes ganas de llorar, de llorar y pensar que todo es un sueño, que nada de esto ha pasado y que en cinco minutos te despertará la (por primera vez maravillosa) alarma. Todo habrá sido nada más que un mal y jodido sueño, y seguirás como siempre, feliz. Pero no tardas mucho en darte cuenta que el único sueño es la película que te estás montando. Que no, que se acabó todo, que nunca volverá. Y en ese momento nunca lo habías echando tanto de menos, nunca sentiste un vacío tan grande en el pecho y nunca  antes te había dolido tanto el corazón. Piensas en todas las cosas que pudieron pasar pero que no llegaron a hacerse realidad, y eso sólo hace que te ahogues más rápido en tus miserables lágrimas.
Y he tardado tiempo en darme cuenta que tú no me querías, y ese es el peor pozo sin fondo de todos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario